Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Otra cosa que llamaba la atención era que su horror hacia las egipcias y cíngaras parecía multiplicarse desde hacía algún tiempo. Había solicitado al obispo un edicto que prohibiera expresamente a las gitanas bailar y tocar la pandereta en la plaza del Atrio, y desde entonces estudiaba los enmohecidos archivos del provisorato a fin de reunir los casos de brujos y brujas condenados a la hoguera o a la horca por complicidad en maleficios con machos cabríos, cerdas o cabras.