Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París El arcediano y el campanero, ya lo hemos dicho, gozaban de pocas simpatías entre las gentes acomodadas y humildes de los alrededores de la catedral. Cuando Claude y Quasimodo salían juntos, cosa que sucedía muchas veces, y se les veía cruzar en compañía —el criado siguiendo al señor— las calles frescas, estrechas y sombrías de las inmediaciones de Notre-Dame, más de una mala palabra, más de un comentario irónico, más de una pulla insultante los importunaba al pasar, a no ser que Claude Frollo caminara con la cabeza alta y erguida, mostrando su frente severa y casi augusta a los bromistas desconcertados, cosa que raramente sucedía.
Los dos estaban en su barrio como los «poetas» de los que habla Régnier.
Por toda suerte de gentes los poetas son perseguidos,
como a los búhos las currucas persiguen dando chillidos.