Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Unas veces era un arrapiezo malicioso el que arriesgaba el pellejo por tener el inefable placer de clavar un alfiler en la joroba de Quasimodo. Otras, una guapa muchacha, atrevida y más desvergonzada de la cuenta, rozaba la sotana negra del sacerdote cantando delante de sus narices la sarcástica cantinela: «Uno, dos, tres, al diablo pillé». En ocasiones, un infame grupo de viejas, sentadas a la sombra en los escalones de unos soportales, refunfuñaba ruidosamente al pasar el arcediano y el campanero y les espetaba mascullando este alentador saludo: «¡Hum! ¡Aquí llega uno que tiene el alma igual que el otro tiene el cuerpo!». O bien un grupo de estudiantes y de soldados que jugaba a la rayuela se levantaba en masa y los saludaba al modo clásico con algún latinajo: Eia, eia! Claudius cum claudo.[61]

Pero lo más habitual era que el insulto pasara inadvertido tanto al sacerdote como al campanero. Para oír todas esas cosas graciosas, Quasimodo estaba demasiado sordo y Claude demasiado ensimismado.






👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker