Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Coictier reÃa con una risa forzada.
—Como veis, es evidente que está loco —le dijo muy bajito al compadre Tourangeau—. ¡No cree en la astrologÃa!
—¡Cómo concebir —prosiguió don Claude— que cada rayo de estrella es un hilo unido a la cabeza de un hombre!
—¿Y en qué creéis, pues? —preguntó el compadre Tourangeau.
El arcediano permaneció un momento indeciso y luego dejó escapar una sombrÃa sonrisa que parecÃa desmentir su respuesta:
—Credo in Deum.
—Dominum nostrum —añadió el compadre Tourangeau haciendo la señal de la cruz.
—Amén —dijo Coictier.
—Reverendo maestro —continuó el compadre—, me alegro en el alma de veros en tan buenas relaciones con la religión, pero, como gran sabio que sois, ¿lo sois hasta el punto de haber dejado de creer en la ciencia?