Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —He aquà uno —dijo el arcediano.
Y abriendo la ventana de la celda, señaló con el dedo la inmensa iglesia de Notre-Dame, que, recortando contra un cielo estrellado la silueta negra de sus dos torres, de sus costillas de piedra y de su grupa monstruosa, parecÃa una enorme esfinge de dos cabezas sentada en medio de la ciudad.
El arcediano contempló un rato en silencio el gigantesco edificio, tras lo cual, extendiendo con un suspiro la mano derecha hacia el libro impreso que estaba abierto sobre su mesa y la mano izquierda hacia Notre-Dame, y paseando una triste mirada del libro a la iglesia, dijo:
—Esto, ¡ay!, matará a eso.
Coictier, que se habÃa acercado al libro apresuradamente, no pudo evitar exclamar:
—¡Pero bueno! ¿Qué hay en esto que sea tan temible? GLOSSA IN EPISTOLAS D. PAULI. Norimbergae, Antonius Koburger. 1474.[66] No es nuevo. Es un libro de Pedro Lombardo, el Maestro de las Sentencias. ¿Es porque está impreso?