Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Entre tanto, ¿qué ocurre con la imprenta? Toda esta vida que escapa de la arquitectura va a ella. A medida que la arquitectura va a menos, la imprenta crece y engorda. Ese capital de fuerzas que el pensamiento humano invertía en edificios lo invierte ahora en libros. Así pues, en el siglo XVI la imprenta, alcanzado el nivel de la arquitectura en declive, lucha con ella y la mata. En el XVII ya es bastante soberana, bastante victoriosa, está bastante afianzada en su triunfo para ofrecer al mundo la fiesta de un gran siglo literario. En el XVIII, tras un largo descanso en la corte de Luis XIV, empuña de nuevo la vieja espada de Lutero, arma con ella a Voltaire y corre, tumultuosa, a atacar a esa vieja Europa cuya expresión arquitectónica ya ha matado. En el momento en que el siglo XVIII acaba, lo ha destruido todo. En el XIX, reconstruirá.
¿Y cuál de las dos artes, preguntamos ahora, representa realmente desde hace tres siglos al pensamiento humano?, ¿cuál de ellas lo traduce?, ¿cuál expresa no solo sus manías literarias y escolásticas, sino su vasto, profundo, universal movimiento? ¿Cuál se superpone constantemente, sin rupturas y sin lagunas, al género humano que camina cual monstruo de mil pies? ¿La arquitectura o la imprenta?