Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Es suficiente —dijo el imperturbable auditor cuando supuso que el acusado habÃa terminado de dar su tercera respuesta—. Se os acusa, ante nos: primo, de desorden nocturno; secundo, de acto deshonesto en la persona de una mujer de la vida, in praejudicium meretricis;[75] tertio, de rebelión y deslealtad para con los arqueros de la ordenanza del rey, nuestro señor. Explicaos sobre todos estos puntos. Escribano, ¿habéis tomado nota de lo que el acusado ha dicho hasta el momento?
Esta desafortunada pregunta provocó, desde la escribanÃa hasta el auditorio, unas carcajadas tan violentas, tan descontroladas, tan contagiosas, tan generales que los dos sordos no pudieron por más de enterarse. Quasimodo se volvió, levantando la joroba con desdén, mientras que maese Florian, tan sorprendido como él y suponiendo que la risa de los espectadores habÃa sido provocada por alguna réplica irreverente del acusado, hecha visible para él mediante ese encogimiento de hombros, lo increpó con indignación:
—¡Bribón, habéis dado una respuesta que merecerÃa la horca! ¿Sabéis con quién estáis hablando?