Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Michel Giborne!
—¿Quién me llama? —preguntó Júpiter, como si despertara sobresaltado.
—Yo —respondió el personaje vestido de negro.
—¡Ah! —dijo Júpiter.
—Comenzad de inmediato —indicó el otro—. Complaced al pueblo. Yo me encargaré de calmar al baile, y él calmará al cardenal.
Júpiter respiró aliviado.
—¡Señores burgueses! —gritó con toda la fuerza de sus pulmones a la multitud que continuaba abucheándole—. ¡Vamos a comenzar de inmediato!
—Evoe, Juppiter! Plaudite, cives![15] —exclamaron los estudiantes.
—¡Viva! ¡Viva! —gritó el pueblo.
Hubo un batir de palmas atronador, y las aclamaciones aún hacÃan temblar la sala después de que Júpiter hubiera desaparecido bajo el tapiz.