Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Con mucho gusto —contestó Mahiette—, pero, desde luego, ¡de ParÃs tenÃais que ser para no conocerla! Pues bien…, pero no hace falta que estemos paradas para contarla…, Paquette la Chantefleurie era una bonita muchacha de dieciocho años cuando yo también lo era, es decir, hace dieciocho años, y la culpa es de ella si hoy no es, como yo, una buena madre robusta y lozana de treinta y seis años, con un marido y un hijo. En cualquier caso, ¡a los catorce años ya era demasiado tarde! Era hija de Guybertaut, ministril de barcos en Reims, el mismo que habÃa tocado ante el rey Carlos VII para su coronación, cuando bajó por el rÃo Vesle desde Sillery hasta Muison. Incluso la Doncella iba en aquel barco. El anciano padre murió siendo Paquette muy pequeña; asà que solo le quedaba su madre, hermana de Mathieu Pradon, maestro latonero y calderero en ParÃs, en la calle Parin-Garlin, el cual murió el año pasado. Como veis, era de buena familia. La madre era una buena mujer, pero, por desgracia, solo le enseñó a Paquette a hacer muñecos y un poco de pasamanerÃa, lo que no impedÃa a la pequeña hacerse muy mayor y seguir siendo muy pobre. Las dos seguÃan viviendo en Reims, junto al rÃo, en la calle Folle-Peine. Esto es importante; yo creo que fue lo que causó la desgracia de Paquette. En 1461, el año de la coronación de nuestro rey Luis XI, al que Dios proteja, Paquette era tan alegre y tan guapa que en todas partes la llamaban la Chantefleurie… ¡Pobre muchacha…! TenÃa unos dientes preciosos y le gustaba reÃr para enseñarlos. Y muchacha que gusta de reÃr va camino del llanto; los dientes bonitos llevan a la perdición a los bellos ojos. Asà era la Chantefleurie. Ella y su madre se ganaban la vida con dificultad. HabÃan venido muy a menos desde la muerte del ministril. La pasamanerÃa no les reportaba mucho más de seis dineros a la semana, lo que no hace ni dos liartes. ¿Dónde habÃan quedado los tiempos en que Guybertaut ganaba doce sueldos parisienses en una sola coronación con una canción? Un invierno…, fue ese mismo año 1461…, las dos mujeres no tenÃan ni leños ni haces de ramas y hacÃa mucho frÃo, y aquello hizo que le salieran tan buenos colores a la Chantefleurie que los hombres la llamaban: ¡Paquette! Varios la llamaron Pâquerette, y se perdió… ¡Eustache! ¡Como te vea morder la torta…! Un domingo que vino a la iglesia con una cruz de oro en el cuello, enseguida nos dimos cuenta de que estaba perdida… ¡A los catorce años! ¡Daos cuenta…! Primero fue el joven vizconde de Cormontreuil, que tiene su parroquia a tres cuartos de legua de Reims; después, micer Henri de Triancourt, caballerizo del rey; después, de menor rango, Chiart de Beaulion, macero; después, bajando todavÃa más, Guery Aubergeon, trinchante del rey; después, Macé de Frépus, barbero del delfÃn; después, Thévenin le Moine, cocinero del rey; después, siempre pasando de uno menos joven a otro menos noble, fue a dar con Guillaume Racine, ministril de zanfonÃa, y con Thierry de Mer, linternero. La pobre Chantefleurie fue de todos. HabÃa llegado al último sueldo de su moneda de oro. ¿Qué puedo añadir, señoras? ¡En la coronación, ese mismo año 1461, fue ella quien hizo la cama del rey de los ribaldos…! ¡Ese mismo año!