Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Lo que es singular —observó Oudarde— es que la Sachette tiene la misma idea de las egipcias.
—¿Quién es la Sachette? —preguntó Mahiette.
—Pues la hermana Gudule —dijo Oudarde.
—¿Y quién es esa tal hermana Gudule?
—¡Se nota que sois de Reims para no saber eso! —contestó Oudarde—. Es la reclusa del Agujero de las Ratas.
—¡Cómo! ¿Esa pobre mujer a la que llevamos la torta? —preguntó Mahiette.
Oudarde hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
—Exacto. Vais a verla dentro de nada a través de la lucera en la Grève. Piensa lo mismo que vos de esos vagabundos de Egipto que tocan la pandereta y dicen la buenaventura a la gente. No se sabe cuál es la causa de ese horror por los cÃngaros y los egipcios. Pero vos, Mahiette, ¿por qué salÃs huyendo de esa manera nada más verlos?
—¡Oh! —exclamó Mahiette, rodeando con las manos la cabeza de su hijo—. No quiero que me ocurra lo que le ocurrió a Paquette la Chantefleurie.
—¡Ah! Esa historia tenéis que contárnosla, mi buena Mahiette —dijo Gervaise, cogiéndola del brazo.