Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Ni lo uno ni lo otro, Gervaise. El señor arzobispo se interesó por el niño de Egipto, lo exorcizó, lo bendijo, le sacó cuidadosamente el diablo del cuerpo y lo envió a ParÃs para que fuera expuesto en la cama de madera, en Notre-Dame, como niño expósito.
—¡Estos obispos…! —masculló Gervaise—. Son tan sabios que no hacen nada como los demás. ¿Qué os parece, Oudarde? ¡Poner al diablo donde los niños expósitos! Porque indudablemente aquel pequeño monstruo era el diablo…Y bien, Mahiette, ¿qué hicieron con él en ParÃs? Doy por supuesto que ninguna persona caritativa lo quiso.
—No lo sé —respondió la de Reims—. Fue precisamente por esas fechas cuando mi marido compró la escribanÃa de Beru, a dos leguas de la ciudad, y dejamos de seguir el caso, tanto más cuanto que frente a Beru están los dos cerros de Cernay, que te tapan la vista de los campanarios de la catedral de Reims.