Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Habría sido un pobre regalo para unos amantes de la arquitectura gótica. Cierto es que nadie había con menos curiosidad por los monumentos que los buenos papanatas de la Edad Media y que la belleza de una picota les importaba bien poco.

El condenado llegó por fin amarrado al fondo de una carreta, y cuando lo hubieron subido a la plataforma, cuando pudo ser visto desde todos los puntos de la plaza, atado con cuerdas y correas a la rueda de la picota, un abucheo mezclado con risas y aclamaciones estalló en la plaza. Habían reconocido a Quasimodo.

Era él, en efecto. El contraste chocaba. ¡Expuesto en la picota de esa misma plaza en la que el día anterior había sido saludado, aclamado y proclamado papa y príncipe de los locos, con el duque de Egipto, el rey de Thunes y el emperador de Galilea por cortejo! De lo que no cabe duda es de que no había nadie entre la muchedumbre, ni siquiera él, sucesivamente triunfador y condenado, capaz de establecer esa asociación en su pensamiento. Faltaban Gringoire y su filosofía en aquel espectáculo.

Acto seguido, Michel Noiret, trompeta jurado del rey nuestro sire, hizo callar a los plebeyos y leyó la sentencia, en cumplimiento de la orden del señor preboste. Después se retiró detrás de la carreta con sus hombres vestidos con librea.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker