Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Habría hecho falta asimismo muy mala voluntad para no comprender, a través de la poesía del prólogo, que Trabajo estaba casado con Mercancía y Clero con Nobleza, y que las dos felices parejas poseían en común un delfín de oro, que según afirmaban no adjudicarían sino a la más bella. Iban por el mundo, pues, en busca de esa belleza, y tras haber rechazado sucesivamente a la reina de Golconda, a la princesa de Trebisonda, a la hija del Gran Kan de Tartaria, etcétera, etcétera, Trabajo y Clero, Nobleza y Mercancía habían ido a descansar sobre la mesa de mármol del Palacio de Justicia, y ante la honrada audiencia recitaban tantas sentencias y máximas como podían prodigarse entonces en la Facultad de Artes en los exámenes, sofismas, disputas, figuras y actos en los que los maestros recibían sus bonetes de licenciado.
Todo aquello era, efectivamente, muy bonito.