Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Los cuatro personajes, tras haber recibido ampliamente en aplausos el pago por sus reverencias, iniciaron, en medio de un silencio religioso, un prólogo del que gustosamente dispensamos al lector. Por lo demás, tal como todavía sucede en nuestros días, el público estaba mucho más pendiente de los trajes que llevaban que del papel que recitaban, y en verdad era de justicia. Los cuatro iban vestidos con túnicas mitad amarillas y mitad blancas, que solo se diferenciaban por la naturaleza de la tela: la primera era de brocado de oro y plata; la segunda, de seda; la tercera, de lana, y la cuarta, de lienzo. El primer personaje llevaba en la mano derecha una espada; el segundo, dos llaves doradas; el tercero, una balanza, y el cuarto, una laya. Y para ayudar a las inteligencias perezosas que no hubieran visto claro a través de la transparencia de esos atributos, se podía leer en grandes letras negras bordadas, en la parte inferior de la túnica de brocado, ME LLAMO NOBLEZA; en la parte inferior de la túnica de seda,ME LLAMO CLERO; en la parte inferior de la túnica de lana, ME LLAMO MERCANCÍA, y en la parte inferior de la túnica de lienzo, ME LLAMO TRABAJO. El sexo de las dos alegorías masculinas estaba claramente indicado para todo espectador juicioso por las túnicas más cortas y por el birrete que llevaban en la cabeza, mientras que las dos alegorías femeninas, cuyos ropajes eran más largos, iban tocadas con una caperuza.