Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Pese a ello, el estudiante Joannes no se dormÃa.
—¡Hola, hola! —exclamó de repente, en medio de la apacible espera que habÃa sucedido al alboroto—. ¡Júpiter, señora Virgen, cómicos del demonio! ¿Os burláis acaso? ¡La obra! ¡La obra! Empezad de una vez, o seremos nosotros los que empezaremos de nuevo.
No hizo falta más.
Una música de instrumentos graves y agudos empezó a sonar en el interior del tinglado, el tapiz se levantó, cuatro personajes abigarrados y maquillados salieron a la luz del dÃa, subieron la empinada escalera del escenario y, cuando llegaron a la plataforma, se colocaron en fila ante el público, al que saludaron haciendo grandes reverencias. Entonces la sinfonÃa se interrumpió. Comenzaba el misterio.