Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Vamos! —decÃa—. ¡Vamos, Gabrielle! Derrama todo tu ruido sobre la plaza. Hoy es fiesta… Thibauld, no seas perezoso. Vas muy despacio. ¡Vamos, vamos! ¿Es que te has oxidado, holgazán…? ¡Muy bien! ¡Rápido, rápido! ¡Que no se vea el badajo! Déjalos a todos sordos como a mÃ. ¡Eso es, Thibauld, con brÃo…! ¡Guillaume! ¡Guillaume! Tú eres el más grande y Pasquier el más pequeño, ¡y Pasquier lo hace mejor! ¿Qué nos apostamos a que los que oyen lo oyen mejor que a ti…? ¡Bien, muy bien, Gabrielle! ¡Fuerte, más fuerte…! ¡Eh!, ¿qué hacéis ahà arriba vosotros dos, Gorriones? No os veo hacer el menor ruido… ¿Qué pasa con esos picos de cobre, que parecen bostezar cuando hay que cantar? ¡Hala, a trabajar! Es la Anunciación. Hace un sol espléndido. El sonido tiene que ser espléndido… ¡Pobre Guillaume, estás quedándote sin aliento, amigo!
Estaba volcado en aguijonear a sus campanas, que saltaban las seis a cuál más y mejor y sacudÃan sus grupas relucientes como un ruidoso tiro de mulas españolas incitado de continuo por las exclamaciones del zagal.