Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Una vez cruzado el Petit-Pont y pasada la calle Neuve-Sainte-Geneviève, Jehan de Molendino se encontró delante de la catedral de Notre-Dame. Entonces la indecisión lo asaltó de nuevo y se paseó unos instantes alrededor de la estatua del señor Gris, repitiéndose angustiado:
—¡El sermón es seguro, pero el escudo es dudoso!
Detuvo a un sacristán que salÃa del claustro para preguntarle:
—¿Dónde está el arcediano de Josas?
—Creo que está en su escondrijo de la torre —respondió el sacristán—, y no os aconsejo que lo molestéis, a menos que vengáis de parte de alguien como el papa o el rey.
Jehan dio una palmada.
—¡Diablos! ¡Hete aquà una magnÃfica ocasión de ver el famoso cuarto de las brujerÃas!
Animado por esta idea, cruzó resueltamente la pequeña puerta negra y comenzó a subir la escalera de caracol de Saint-Gilles que conduce a los pisos superiores de la torre.