Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París El lector sin duda conoce un poco la obra admirable de Rembrandt, ese Shakespeare de la pintura. Entre innumerables grabados maravillosos, hay en particular un aguafuerte que representa, supuestamente, al doctor Fausto y que es imposible contemplar sin sentirse deslumbrado. Es una celda oscura. El centro lo ocupa una mesa cargada de objetos repulsivos, calaveras, esferas, alambiques, compases, pergaminos jeroglíficos… El doctor está delante de la mesa, con una gran hopalanda y un gorro de piel calado hasta las cejas. Solo se le ve medio cuerpo. Está medio levantado del inmenso sillón, apoyando las manos crispadas en la mesa, y mira con curiosidad y terror un gran círculo luminoso, formado por letras mágicas, que brilla en la pared del fondo como el espectro solar en la cámara oscura. Ese sol cabalístico parece temblar y su resplandor misterioso llena la lóbrega celda. Es horrible y al mismo tiempo es bello.