Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Don Claude hizo describir un cuarto de círculo a su sillón y miró a Jehan fijamente.

—Me alegro mucho de veros.

Era un exordio temible. Jehan se preparó para recibir un duro golpe.

—Jehan, todos los días me traen quejas de vos. ¿Qué es eso de una pelea en la que habéis contusionado a bastonazos a un pequeño vizconde llamado Albert de Ramonchamp?

—¡Oh! ¡Vaya cosa! —respondió Jehan—. ¡Un paje malintencionado que se divertía haciendo correr a su caballo por el arroyo para salpicar a los estudiantes!

—¿Quién es —preguntó el arcediano— un tal Mahiet Fargel, cuya túnica habéis rasgado? Tunicam dechiraverunt, dice la denuncia.

—¡Bah! ¡Una horrenda capa de Montaigu!

—La denuncia dice tunicam, no cappettam. ¿Sabéis latín?

Jehan no respondió.

—¡Sí! —prosiguió el sacerdote meneando la cabeza—. Así van los estudios y las letras ahora. La lengua latina apenas la entiende nadie, la siria es desconocida, el griego resulta tan odioso que no se considera ignorancia que los más doctos se salten una palabra griega sin leerla y que se diga: Graecum est, non legitur.[96]

El estudiante levantó resueltamente los ojos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker