Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Mi señor hermano, ¿queréis que os explique en buen francés esa palabra griega que está escrita ahÃ, en la pared?
—¿Qué palabra?
—'ANÃΓΚH.
Un ligero rubor se extendió por los amarillentos pómulos del arcediano, como la bocanada de humo que anuncia en el exterior las secretas conmociones de un volcán. El estudiante apenas lo notó.
—A ver, Jehan —balbució haciendo un esfuerzo el hermano mayor—, ¿qué quiere decir esa palabra?
—FATALIDAD.
Don Claude se quedó pálido y el estudiante prosiguió con despreocupación.
—Y esa palabra que está debajo, grabada por la misma mano, ΑναγυεÃα, significa «impureza». Como veis, sé griego.
El arcediano guardaba silencio. Esa lección de griego lo habÃa puesto pensativo otra vez.
El pequeño Jehan, que dominaba todas las triquiñuelas de un niño mimado, consideró que el momento era favorable para aventurarse a hacer su petición. Con una voz extremadamente dulce, comenzó, pues, a hablar.