Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Con todo, don Claude, temiendo que Jehan volviera a hacer ruido, recordó a su digno discípulo que tenían pendiente estudiar juntos unas figuras del pórtico y ambos salieron de la celda, para gran alivio del estudiante, que empezaba a temer seriamente que quedara impresa en su rodilla la huella de su mentón.