Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs En medio de las tinieblas de la escalera de caracol tropezó con algo que se apartó gruñendo, supuso que era Quasimodo y la cosa le hizo tanta gracia que bajó el resto de la escalera partiéndose de risa. TodavÃa reÃa cuando salió a la plaza.
Una vez en la calle, dio una patada en el suelo.
—¡Mi buen y bendito empedrado de ParÃs! —dijo—. ¡Esa maldita escalera agotarÃa hasta a los ángeles de la escala de Jacob! ¡En qué estaba yo pensando para ir a meterme en esa barrena de piedra que atraviesa el cielo! ¡Y total, para comer queso con barba y ver los campanarios de ParÃs por una lucera!
Dio unos pasos y vio a los dos mochuelos, es decir, a don Claude y a maese Jacques Charmolue, contemplando una escultura del pórtico. Se acercó a ellos de puntillas y oyó al arcediano decir en voz baja a Charmolue:
—Fue Guillermo de ParÃs quien mandó grabar un Job en esa piedra de color lapislázuli con los bordes dorados. Job figura en la piedra filosofal, que también debe ser puesta a prueba y martirizada para alcanzar la perfección, como dice Raimundo Lulio: Sub conservatione formae specificae salva anima.[106]
—A mà me da igual —dijo Jehan—, la bolsa la tengo yo.
En ese momento oyó una voz fuerte y sonora articular detrás de él una sarta formidable de reniegos.