Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Sangre de Dios! ¡Vientre de Dios! ¡Cuerpo de Dios! ¡Voto a Dios! ¡Por el ombligo de Belcebú! ¡Rayos y truenos!
—¡Por mi honor! —exclamó Jehan—. ¡Ese solo puede ser mi amigo el capitán Phoebus!
El nombre de Phoebus llegó a los oÃdos del arcediano en el momento en que le explicaba al procurador del rey el dragón que esconde la cola en un baño del que sale humo y la cabeza de un rey. Don Claude se estremeció, interrumpió su discurso, para gran desconcierto de Charmolue, se volvió y vio a su hermano Jehan abordando a un oficial en la puerta de la residencia Gondelaurier.
Era, en efecto, el capitán Phoebus de Châteaupers. Estaba apoyado en la esquina de la casa de su prometida y juraba como un pagano.
—¡Repámpanos, capitán Phoebus! —dijo Jehan cogiéndole la mano—, renegáis con una inspiración admirable.
—¡Rayos y truenos! —contestó el capitán.
—¡Rayos y truenos los que lanzáis vos! —replicó el estudiante—. En fin, amable capitán, ¿cuál es la causa de ese torrente de hermosas palabras?