Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Muchacha bohemia —dijo el presidente—, ¿habéis confesado todos vuestros actos de magia, de prostitución y de asesinato en la persona de Phoebus de Châteaupers?
A Esmeralda se le encogió el corazón. La oyeron sollozar en la oscuridad.
—Todo lo que queráis —respondió débilmente—, pero matadme pronto.
—Señor procurador del rey en la jurisdicción eclesiástica —dijo el presidente—, la sala está preparada para escuchar vuestro alegato.
Maese Charmolue exhibió un enorme cartapacio y se puso a leer, gesticulando mucho y con la entonación exagerada de la abogacÃa, un discurso en latÃn en el que todas las pruebas del proceso se amontonaban en perÃfrasis ciceronianas acompañadas de citas de Plauto, su cómico favorito. Lamentamos no poder ofrecer a nuestros lectores esta pieza extraordinaria. El orador la recitaba con una gesticulación maravillosa. No habÃa acabado el exordio y ya le saltaba el sudor de la frente y los ojos de la cabeza.
De repente, en medio de una frase, se interrumpió, y su mirada, de ordinario asaz serena e incluso harto boba, se volvió fulminante.