Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —SeñorÃas —exclamó (en francés, pues aquello no estaba escrito en el cartapacio)—, Satán se encuentra involucrado hasta tal punto en este asunto que hete aquà que asiste a nuestros debates y se mofa de su majestad. ¡Mirad!
Charmolue señaló con la mano a la cabrita, la cual, viéndolo gesticular, habÃa creÃdo que venÃa a cuento hacer otro tanto y, sentada sobre su trasero, imitaba lo mejor que podÃa, con las patas delanteras y su cabeza barbuda, la pantomima patética del procurador del rey en la jurisdicción eclesiástica. Era, como recordamos, una de sus habilidades más graciosas. Este incidente, esta última «prueba», causó un gran efecto. Le ataron, pues, las patas a la cabra y el procurador del rey retomó el hilo de su elocuente discurso.
Aquello era interminable, pero la peroración fue excepcional. He aquà la última frase; añádase la voz engolada y el gesto jadeante de maese Charmolue: