Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Se trataba de un personaje relevante y verlo constituía un espectáculo preferible a cualquier otra comedia. Carlos, cardenal de Borbón, arzobispo y conde de Lyon, primado de las Galias, estaba emparentado a la vez con Luis XI a través de su hermano Pedro, señor de Beaujeu, que se había casado con la hija mayor del rey, y con Carlos el Temerario a través de su madre, Inés de Borgoña. Pero el rasgo dominante, el rasgo característico y distintivo del carácter del primado de las Galias era su espíritu de cortesano y su devoción al poder. Cabe imaginar los innumerables apuros que le había causado este doble parentesco y todos los escollos temporales que su barca espiritual había tenido que sortear para no estrellarse ni contra Luis ni contra Carlos, ese Caribdis y ese Escila que habían devorado al duque de Nemours y al condestable de SaintPol. Gracias al cielo, había llevado a cabo bastante bien la travesía y llegado a Roma sin tropiezos. Pero, aunque ya hubiera tomado puerto, o precisamente por estar en él, nunca recordaba sin inquietud las diversas vicisitudes de su vida política, alarmada y laboriosa durante largos años. Por ello acostumbraba a decir que el año 1476 había sido para él «negro y blanco», refiriéndose a que había perdido en ese mismo año a su madre, la duquesa del Borbonés, y a su primo el duque de Borgoña, y que un duelo lo había consolado del otro.