Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Phoebus, sin embargo, no había muerto. Los hombres de esa especie son resistentes. Cuando maese Philippe Lheulier, abogado extraordinario del rey, le había dicho a la pobre Esmeralda: «Se está muriendo», había sido un error o una broma. Cuando el arcediano le había repetido a la condenada: «Está muerto», lo cierto es que en realidad no lo sabía, sino que lo creía, que contaba con ello, que no lo ponía en duda, que confiaba en que así fuese. Habría sido demasiado duro para él darle a la mujer que amaba buenas noticias de su rival. En su lugar, cualquier hombre habría hecho lo mismo.