Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¿Qué gitana de la cabra? —preguntó, balbuciendo.
—¡Cómo! —repuso Flor de Lis—. ¿Es que no os acordáis…?
Phoebus la interrumpió.
—No sé a qué os referÃs.
Dio un paso para entrar, pero Flor de Lis, cuyos celos, tan vivamente excitados no hacÃa mucho por esa misma egipcia, acababan de despertar de nuevo, le lanzó una mirada penetrante y llena de desconfianza. En ese momento recordó vagamente haber oÃdo hablar de un capitán relacionado con el proceso de aquella bruja.
—¿Qué os ocurre? —le preguntó a Phoebus—. Se dirÃa que esa mujer os ha turbado.
Phoebus se esforzó en bromear.
—¿A m� ¡En absoluto! ¡Qué ocurrencia!
—Entonces, quedaos —añadió ella imperiosamente— y veámoslo todo hasta el final.