Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Asilo! ¡Asilo! ¡Asilo!
—¡Viva! ¡Viva! —gritaba el pueblo por su parte, y aquella inmensa aclamación llegaba a la otra orilla, para sorpresa de la gente que llenaba la Grève y de la reclusa que seguÃa esperando, con la mirada clavada en el patÃbulo.