Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Oh, el viento de la noche los empuja unos contra otros —murmuró—, y mezcla el ruido de sus cadenas con el ruido de sus huesos! ¡Quizá esté ella aquÃ, entre ellos!
Enloquecido, no sabÃa ya adónde iba. Unos pasos más allá, se encontró en el puente Saint-Michel. HabÃa luz en la ventana de una planta baja. Se acercó. A través de un cristal resquebrajado, vio una sala sórdida que despertó un recuerdo confuso en su mente. En aquella sala, mal iluminada por una miserable lámpara, habÃa un joven rubio, de aspecto saludable y semblante alegre, que besaba entre sonoras carcajadas a una muchacha vestida de modo muy indecoroso. Y junto a la lámpara, una vieja hilaba y cantaba con voz trémula. Como el joven no reÃa todo el tiempo, algunos fragmentos de la canción de la vieja llegaban hasta el sacerdote. Eran palabras horribles y sin sentido.
¡Grève, clama, Grève, grita!
Hila, hila, rueca bonita,
hila cuerda para el verdugo
que presume de forzudo.
¡Grève, clama, Grève, grita!
¡Hermosa cuerda de cáñamo!
Dejad de tocar el cálamo