Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs y recoged lo sembrado.
¡El ladrón no ha robado
la hermosa cuerda de cáñamo!
¡Grève, grita, Grève, clama!
Para ver a la mujer mala
de la sucia horca colgada,
ojos son las ventanas.
¡Grève, grita, Grève, clama!
El joven no paraba de reÃr y de acariciar a la joven. La vieja era la Falourdel; la muchacha era una mujer pública; el joven era su hermano Jehan.
Don Claude siguió mirando. Era un espectáculo como cualquier otro.
Vio a Jehan acercarse a una ventana que estaba al fondo de la sala, abrirla y echar un vistazo al muelle, en el que brillaban a lo lejos cientos de ventanas encendidas, y le oyó decir mientras la cerraba:
—¡Por mi honor! Se está haciendo de noche. Los burgueses encienden sus velas y Dios sus estrellas.
Luego Jehan volvió hacia la ribalda y rompió una botella que estaba encima de una mesa, gritando: