Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Cuando hubo pasado, empezó a bajar la escalera con la lentitud que había visto en el espectro, creyéndose él mismo un espectro, despavorido, con el vello erizado y la lámpara apagada en la mano; y, mientras bajaba los peldaños en espiral, oía claramente en sus oídos una voz que reía y repetía: «… Un espíritu pasó ante mi rostro, y oí una ligera respiración, y el vello de la piel se me erizó».