Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Al mismo tiempo, como si una mano invisible hubiera levantado el peso que comprimía las lágrimas dentro de su corazón desde hacía tanto tiempo, se echó a llorar; y a medida que las lágrimas corrían, sentía irse con ellas el aspecto más acre y amargo de su dolor.
Llegada la noche, le pareció tan hermosa, y la luna tan suave, que recorrió la galería superior que rodea la iglesia. Le produjo cierto alivio la sensación de tranquilidad que transmitía la tierra vista desde aquella altura.