Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Y además, Phoebus vivía, de eso estaba segura, lo había visto. La vida de Phoebus lo era todo. Tras la serie de sacudidas fatales que habían hecho que todo se viniera abajo en ella, en su alma solo había quedado en pie una cosa, un sentimiento, su amor por el capitán. Y es que el amor es como un árbol, crece por sí solo, echa profundamente sus raíces en todo nuestro ser y a menudo continúa reverdeciendo en un corazón en ruinas.
Lo inexplicable es que esa pasión, cuanto más ciega, más tenaz es. Jamás es más sólida que cuando es irracional.