Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pasaba unas noches terribles. Desde que sabía que la egipcia estaba viva, las frías ideas de espectro y tumba que lo habían obsesionado durante todo un día se habían desvanecido, y la carne volvía a aguijonearlo. Se retorcía en la cama al sentir a la joven morena tan cerca de él.

Todas las noches su imaginación delirante le representaba a Esmeralda en todas las actitudes que le habían hecho hervir más la sangre. La veía tendida sobre el capitán apuñalado, con los ojos cerrados, sus hermosos pechos desnudos cubiertos de sangre de Phoebus, en aquel delicioso momento en que el arcediano había depositado sobre sus labios pálidos el beso que la desdichada, pese a estar medio muerta, había notado que la quemaba. La recordaba mientras las manos salvajes de los verdugos la desvestían y él dejaba descalzar y meter en el borceguí de tornillos de hierro su pequeño pie, su pierna fina y torneada, su rodilla blanca y ligera. Seguía viendo aquella rodilla de marfil que había quedado fuera del horrible aparato de Torterue. Se representaba, finalmente, a la joven en camisa, con la soga al cuello, los hombros al descubierto, descalza, casi desnuda, como la había visto el último día. Esas imágenes voluptuosas hacían que cerrara los puños con fuerza y que un estremecimiento le recorriera la columna vertebral.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker