Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Maestro, yo os responderé: Il padelt, que en turco quiere decir: «Dios es nuestra esperanza».
—¿Cómo salvarla? —repitió Claude, pensativo.
Gringoire se dio a su vez una palmada en la frente.
—Escuchad, maestro. Yo tengo imaginación y se me ocurrirán procedimientos adecuados. ¿Y si pidiéramos gracia al rey?
—¿A Luis XI? ¿Pedir gracia a Luis XI?
—¿Por qué no?
—¡Ve a quitarle su hueso a un tigre!
Gringoire se puso a buscar otras soluciones.
—¡Ya lo tengo! ¿Queréis que envÃe a las matronas una solicitud declarando que la muchacha está encinta?
Aquello hizo centellear los hundidos ojos del sacerdote.
—¡Encinta! ¡Qué absurdo! ¿Acaso sabes tú algo de eso?
Gringoire se asustó de su expresión.
—¡No! ¡Yo no! —se apresuró a decir—. Nuestro matrimonio era un verdadero foris maritagium. Yo me quedé fuera. Pero, aun asÃ, conseguirÃamos un aplazamiento.
—¡Qué locura! ¡Qué infamia! ¡Cállate!