Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Cincuenta sueldos los trajes de nuestros criados y doce libras las capas de los empleados de nuestra corona! ¡Eso, sÃ! ¡Desembolsad el oro a toneladas! ¿Estáis loco, Olivier?
Mientras decÃa esto, el anciano habÃa levantado la cabeza. Se veÃa brillar en su cuello las conchas de oro del collar de San Miguel. La candela iluminaba de lleno su perfil descarnado y taciturno. Le quitó el papel de las manos a Olivier.