Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Guillaume Rym hizo una profunda reverencia, mientras que Coppenole, con su expresión enfurruñada, tenÃa el aspecto de uno de esos osos de los que hablaba su majestad. El rey no reparó en ello. Acababa de mojar los labios en la copa y escupió el brebaje diciendo:
—¡Puaf! ¡Qué mala está esta tisana!
El que leÃa prosiguió:
—«Por la manutención de un bellaco del cuerpo de infanterÃa, encerrado desde hace seis meses en el tugurio del desolladero en espera de que se sepa qué hacer con él, seis libras y cuatro sueldos».
—¿Qué es eso? —interrumpió el rey—. ¡Mantener al que hay que colgar! ¡Pascua de Dios! No daré un sueldo más para esa manutención… Olivier, tratad el asunto con el señor de Estouteville y haced esta misma noche los preparativos para la boda del galán con una horca… Proseguid.
Olivier hizo una marca con el pulgar en el artÃculo referente al «bellaco del cuerpo de infanterÃa» y pasó al siguiente.