Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París El rey se puso a andar lentamente alrededor de la pequeña construcción examinándola con cuidado, mientras que maese Olivier lo seguía leyendo en voz alta la memoria:
—«Por haber hecho una gran jaula de madera con gruesas vigas, largueros y soleras, de nueve pies de largo por ocho de ancho, y siete pies de altura entre suelo y techo, reforzada con tablones y gruesas barras de hierro, la cual ha sido colocada en una habitación que se encuentra en una de las torres de la prisión de Saint-Antoine, jaula en la cual está encerrado, por mandato del rey nuestro señor, un prisionero que ocupaba anteriormente una vieja jaula caduca y decrépita. Se han empleado en dicha jaula nueva noventa y seis vigas horizontales y cincuenta y dos vigas verticales, y diez soleras de tres toesas de largo; y han estado ocupados diecinueve carpinteros escuadrando, trabajando y cortando la mencionada madera en el patio de la Bastilla durante veinte días…».
—Buenos troncos de roble —dijo el rey, golpeando con el puño el armazón.