Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs El «compadre Coictier» permanecÃa mudo de asombro.
—Vamos, señor —insistió el rey—, hablad. ¿Hay una revuelta de villanos en nuestra buena ciudad de ParÃs?
—SÃ, sire.
—¿Y va dirigida, decÃs, contra el señor baile del Palacio de Justicia?
—Eso parece —respondió el «compadre», que balbuceaba, todavÃa confuso por el brusco e inexplicable cambio que acababa de operarse en los pensamientos del rey.
Luis XI prosiguió:
—¿Dónde ha encontrado la guardia a esa turba?
—Caminando desde la Gran TruhanerÃa en dirección al Pontaux-Changeurs. Yo mismo la he visto cuando venÃa hacia aquà para dar cumplimiento a las órdenes de vuestra majestad. He oÃdo a algunos gritar: «¡Abajo el baile del palacio!».
—¿Y qué quejas tienen contra el baile?
—Pues que es su señor —dijo el compadre Jacques.
—¿Ah, s�
—¡SÃ, sire! Son los bribones de la Corte de los Milagros. Hace ya mucho tiempo que se quejan del baile, del que son vasallos. No quieren reconocerlo ni como justiciero ni como veedor.