Nuestra Señora de ParĂs
Nuestra Señora de ParĂs —¡Hija mĂa! ¡Hija mĂa! —decĂa—. ¡Tengo a mi hija! ¡Está aquĂ! Dios me la ha devuelto. ¡Eh, venid todos! ¡Hay alguien ahĂ para ver que tengo a mi hija! ¡Señor JesĂşs, quĂ© guapa es! Me habĂ©is hecho esperar quince años, Dios mĂo, pero ha sido para devolvĂ©rmela más guapa… Entonces, ¡las egipcias no se la habĂan comido! ÂżQuiĂ©n habĂa dicho tal cosa? ¡Mi niñita! ¡Mi niñita! ¡BĂ©same! ¡QuĂ© buenas son las egipcias! ¡Quiero a las egipcias…! ÂżEres tĂş de verdad? Claro, por eso me daba un vuelco el corazĂłn cada vez que pasabas por aquĂ. ¡Y yo que lo confundĂa con odio! PerdĂłname, Agnès, perdĂłname. Te parecĂa muy mala, Âżverdad? Te quiero… ÂżTodavĂa tienes aquella señal en el cuello? Veamos… SĂ, sigues teniĂ©ndola. ¡Eres preciosa! He sido yo quien os ha hecho esos ojazos, ÂżsabĂ©is, señorita? BĂ©same. Te quiero. Me da igual que las otras madres tengan hijos, ahora no me preocupan lo más mĂnimo. Que vengan, si quieren. AquĂ está la mĂa. QuĂ© cuello, quĂ© ojos, quĂ© cabellera, quĂ© manos tiene. ¡A ver quiĂ©n encuentra algo más bello! ¡Ah, esta tendrá muchos pretendientes, os lo digo yo! He llorado quince años. Toda mi belleza se ha ido en ese tiempo, y la ha adquirido ella. ¡BĂ©same!