Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Señores mÃos! Señores soldados, unas palabras nada más. Se trata de algo que debo deciros. Es mi hija, ¿os dais cuenta?, la querida niñita que habÃa perdido. Escuchad. Es una larga historia. Yo conozco muy bien a los señores soldados. Siempre fueron buenos conmigo en la época en que los niños me tiraban piedras porque llevaba una vida airada. Ya veréis como me dejáis a mi hija cuando lo sepáis todo. Soy una pobre mujer de vida alegre. Las gitanas me la robaron. ¡Si hasta he guardado su zapatito durante quince años! Mirad, aquà está. Este piececito tenÃa. ¡En Reims! ¡La Chantefleurie! ¡En la calle Folle-Peine! A lo mejor conocisteis aquello. Era yo. En vuestra juventud, entonces era una buena época. Pasábamos buenos ratos. Tendréis compasión de mÃ, ¿verdad, señores? Las egipcias me la robaron, la han tenido escondida quince años. Yo la creÃa muerta. Figuraos si la creÃa muerta, amigos mÃos, que he pasado quince años aquÃ, en este tugurio, sin fuego en invierno. Eso es duro. ¡Pobre zapatito querido! He gritado tanto que por fin Dios me ha oÃdo y esta noche me ha devuelto a mi hija. Es un milagro de Dios. No estaba muerta. Y no me la quitaréis, estoy segura. Si se tratara de mÃ, no dirÃa nada, ¡pero de ella, una criatura de dieciséis años! ¡Dejad que tenga tiempo de ver el sol…! ¿Qué os ha hecho? Nada en absoluto. Y yo tampoco. Si supierais que solo la tengo a ella, que soy vieja, que es una bendición que la santÃsima Virgen me envÃa. ¡Además, sois todos tan buenos! No sabÃais que era mi hija, pero ahora ya lo sabéis. ¡Oh, la quiero mucho! ¡Señor preboste, preferirÃa un agujero en mis entrañas que un arañazo en su dedo! ¡Tenéis aspecto de señor bondadoso! Lo que os estoy diciendo lo explica todo, ¿no es cierto? ¡Os lo suplico! ¡Oh, si habéis tenido madre, monseñor…! Vos sois el capitán, ¡dejadme a mi hija! ¡Tened en cuenta que os lo suplico de rodillas, como se suplica a Jesucristo! Yo no pido nada a nadie, yo soy de Reims, señores, tengo un huertecito de mi tÃo Mahiet Pradon. No soy una mendiga. No quiero nada, ¡pero quiero a mi hija! ¡Oh, quiero conservar a mi hija! ¡Dios, que es el dueño y señor, no me la ha devuelto para nada! ¡El rey! ¡Habláis del rey! ¡No le causará mucho placer que maten a mi niña! ¡Además, el rey es bueno! ¡Es mi hija! ¡Es mi hija! ¡MÃa, no del rey! ¡No es vuestra! ¡Quiero irme! ¡Queremos irnos! ¡A dos mujeres que pasan, una de ellas la madre y la otra la hija, se las deja pasar! ¡Dejadnos pasar! ¡Somos de Reims! ¡Oh, sois muy buenos, señores soldados! Os quiero a todos. No me quitaréis a mi querida niña, es imposible. ¿No es verdad, que es totalmente imposible? ¡Hija mÃa! ¡Hija mÃa!