Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Acabamos de decir que Quasimodo había desaparecido de Notre-Dame el día de la muerte de la egipcia y del arcediano. No se le volvió a ver, en efecto, no se supo qué había sido de él.
La noche que siguió al suplicio de Esmeralda, los ayudantes del verdugo habían descolgado su cuerpo del patíbulo y lo habían llevado, según era costumbre, a los sótanos de Montfaucon.
Montfaucon era, como dice Sauval, «el más antiguo y el más soberbio patíbulo del reino». Entre los suburbios del Temple y de Saint-Martin, a unas ciento sesenta toesas de las murallas de París, a varios tiros de ballesta de la Courtille, se veía en la cima de una suave eminencia, suficientemente elevada para ser vista desde varias leguas a la redonda, un edificio de forma extraña que se parecía bastante a un crómlech celta y donde también se ofrecían sacrificios humanos.