Casa de Muñecas

Casa de Muñecas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Estos personajes femeninos ocupan sin duda un destacado lugar en la larga familia ibseniana. Pero estas mujeres apasionantes, de mayor interés que los hombres que las rodean, no nacen por casualidad, sino que son el fruto de una lenta evolución del espíritu y del arte del dramaturgo. Nora Helmer, la primera de ellas, sale a escena en 1879, cuando el autor tiene cincuenta y un años y una larga y brillante carrera de creación literaria detrás. Henrik Ibsen nace el mismo año que León Tolstoi, 1828, y gran parte de su obra inicial se inscribe en un período que tanto podría calificarse de posromántico como de segundo romanticismo —después de todo, es ocho años mayor que nuestro Bécquer—. Los mediados del siglo XIX, especialmente en la Europa germánica y nórdica, siguen las consecuencias inmediatas de la revolución romántica; el gran designio del Romanticismo germánico es elevar un universo mítico propio frente al prestigio del mundo mitológico y cultural que el Mediterráneo había venido gozando con exagerada exclusividad desde el Renacimiento. No sólo en el Mediodía nacen los dioses. Desde la recuperación de Ossian y los bardos gaélicos a finales del XVIII, siguen en oleadas la renovación y restauración de las sagas islandesas, del Kalevala finés, hasta la resurrección del Olimpo germánico que, como nuevo Homero, sueña Ricardo Wagner. Gran parte de la obra dramática inicial de Ibsen corresponde a este estilo de restauración histórica y, a la vez, afirmación nacionalista, con dramas en verso inspirados en la vieja historia noruega, un mundo de reyes vikingos que en su guardarropía historicista puede hacer recordar hasta cierto punto el drama wagneriano. Gran parte, pero no toda su producción, se inspira en estos temas; dos figuras históricas de tradición clásica llaman su atención: Catilina, en su primer drama de 1850, y el emperador Juliano, protagonista del extenso friso dramático Emperador y galileo, de 1864. De esta etapa posromántica, el dramaturgo evoluciona hacia un estilo mucho más complejo; de no haberse producido tal evolución, de haberse mantenido repitiendo el estilo anterior, Ibsen no pasaría de ser un notable dramaturgo de ámbito local. La próxima etapa la constituyen dos extraordinarios poemas: Brand y Peer Gynt —poemas dialogados para ser leídos, por más que ambos, en especial el segundo, suelan representarse—. Éste es el Ibsen al que, con involuntario endecasílabo, calificaría Rubén Darío de «¡Enorme visionario de la nieve!».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker