En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3)
En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3) Mientras tanto, en lo alto del castillo, Marina resiste. Su cuerpo quebrado, su alma firme. Los interrogadores no entienden su silencio. No saben que cada golpe solo la acerca más a su padre, a su fuerza, a esa promesa que alguna vez le hizo bajo los naranjos: “Nadie te tocará mientras yo viva”.
Gaspar, desde su nuevo trono de poder, no sospecha el fuego que se gesta en la oscuridad. Ciego por su propia victoria, prepara un acto público para sentenciar a Marina, buscando aniquilar los últimos restos del linaje Estanyol ante el pueblo. Quiere borrar el nombre de su hermano del mapa, del recuerdo, de la historia.
Pero el día de la ejecución, cuando el verdugo alza la espada y la multitud contiene el aliento, estalla el caos.
—¡Seguidores vencen! —grita una voz que muchos creían extinguida.
Arnau aparece entre la multitud, seguido por un puñado de hombres armados hasta los dientes. No hay estrategia, solo furia. Los guardias caen, el pueblo se divide entre el miedo y la esperanza. Y en medio del combate, Arnau encuentra a su hija encadenada.
—Marina —susurra, rompiendo sus grilletes con una sola estocada—. Ya está.