El hombre mediocre
El hombre mediocre et ce n’est pas pécher que pécher en silence.[4]
Ésa es la moral de la hipocresía jesuítica, sintetizada en cinco versos, que son su pentateuco.
La del hombre virtuoso es otra: está en la intención y en el fin de las acciones, en los hechos mejor que en las palabras, en la conducta ejemplar y no en la oratoria untuosa. Sócrates y Cristo fueron virtuoso., contra la religión de su tiempo; los dos murieron a planos de fanatismos que estaban ya divorciados de toda moral. La santidad está siempre fuera de la hipocresía colectiva. La exageración materialista de las ceremonias suele coincidir con la aniquilación de todos los idealismos en las naciones y en las razas; la historia la señala en la decadencia de las castas gobernantes y dice que el loyolismo apuntala siempre su degeneración moral. En esas horas de crisis, la fe agoniza en, el fanatismo decrépito y alienta formidablemente en los ideales que renacen frente a él, irrespetuosos, demoledores, aunque predestinados con frecuencia a caer en nuevos fanatismos y a oponerse a ideales venideros.