El hombre mediocre
El hombre mediocre Los hipócritas, forzosamente utilitarios y oportunistas, están siempre dispuestos a traicionar sus principios en homenaje a un beneficio inmediato; eso les veda la amistad con espíritus superiores. El gentil hombre tiene siempre un enemigo en ellos, pues la reciprocidad de sentimientos sólo es posible entre iguales; no puede entregarse nunca a su amistad, pues acecharán la ocasión para afrentarlo con alguna infamia, vengando su propia inferioridad. La Bruyére escribió una máxima imperecedera: «En la amistad desinteresada hay placeres que no pueden alcanzar los que nacieron mediocres»; éstos necesitan cómplices, buscándolos entre los que conocen esos secretos resortes descritos como una simple solidaridad en el mal. Si el hombre sincero se entrega, ellos aguardan la hora propicia para traicionarlo; por eso la amistad es difícil para los grandes espíritus y éstos no prodigan su intimidad cuando se elevan demasiado sobre el nivel común. Los hombres eminentes necesitan disponer de infinita sensibilidad y tolerancia para entregarse; cuando lo hacen, nada pone límites a su ternura y devoción.