El hombre mediocre
El hombre mediocre Esas nociones suprimen algunos problemas inocentes. como el de fallar si son preferibles los que crean. inventan y perfeccionan en las ciencias y en las artes, o los que poseen un admirable conjunto de energías morales que impulsan a jugar el porvenir y la vida en defensa de la dignidad y la justicia. Entre los talentos intelectuales y los talentos morales, estos últimos suelen ser preferidos con razón, conceptuándolos más necesarios. «El talento superior es el talento moral», ha escrito Smiles, glosando al inagotable Mr. de la Palisse. De este parangón está excluido a priori el hombre mediocre, pues sólo tiene rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazón.
La apoteosis del tonto bueno encamínase, evidentemente, a protestar, como lo hacía Cicerón. contra los que pretenden consentir al ingenio un absurdo derecho a la inmoralidad. El sistema es equívoco; igualmente injusto sería desacreditar a los santos más ejemplares fundándose en que existen simuladores de la virtud.