El hombre mediocre
El hombre mediocre Esta carta Ãntima —aunque estuviera evidentemente destinada, considerando ciertas amplificaciones, a ser comunicada por lo menos a los amigos citados en ella—, es hoy, para mÃ, una confesión, un testamento y una lección ejemplarÃsima. Pero me faltó fe. En vez de acercarme aún más a él, me alejó de Ingenieros, creo que con la más grande de las injusticias. Como atenuante diré en mi abono que nuestro juicio humano se resiste a creer en las transformaciones totales y repentinas, también a establecer, en un hombre de múltiples o de variados aspectos, cuál es el que corresponde precisamente a su verdadera idiosincrasia… Hoy no me cabe duda sobre la sinceridad de Ingenieros al dirigirme ese notable, y quizás único en su género, fragmento de su obra de trabajador infatigable y de maravilloso observador, y lo entrego sin vacilaciones a la publicidad, seguro de que será una de las flores más bellas de su corona fúnebre. ¿Pensó él en que le era preciso revelar alguna vez la clave de su vida y el secreto de su corazón? ¿Adivinó que su viejo amigo sacarÃa a luz esa página cuando fuera útil para iluminar su carácter, y mostrarlo a él mismo como se sentÃa cuando no lo coartaba el respeto humano, cuando no temÃa aparecer menos fuerte, mostrándose en realidad más fuerte?
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