El hombre mediocre
El hombre mediocre La que ha nacido bella —y la Belleza para ser completa requiere, entre otros dones, la gracia, la pasión y la inteligencia— tiene asegurado el culto de la envidia. Sus más nobles superioridades serán adoradas por las envidiosas; en ellas clavarán sus incisivos, como sobre una lima, sin advertir que la pasión las convierte en vestales. Mil lenguas viperinas le quemarán el incienso de sus crÃticas; las miradas oblicuas de las sufrientes fusilarán su belleza por la espalda; las almas tristes le elevarán sus plegarias en forma de calumnias, torvas como el remordimiento que las atosiga, pero no las detiene.
Quien haya leÃdo la séptima metamorfosis, en el libro segundo de Ovidio, no olvidará jamás que a instancia de Minerva, fue Aglaura transfigurada en roca, castigando asà su envidia de Hersea, la amada de Mercurio. Allà está escrita la más perfecta alegorÃa de la envidia devorando vÃboras para alimentar sus furores, como no la perfiló ningún otro poeta de la era pagana.